miércoles, 11 de abril de 2012

Misterio de la Grandes Operas en Sede Central




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lunes, 1 de febrero de 2010

EL MISTERIO DE LAS GRANDES ÓPERAS - INDICE





EL MISTERIO DE LAS GRANDES
ÓPERAS

Mysteries of the great operas
(1921)

Max Heindel – Misterios de las Grandes Óperas

ÍNDICE

FAUSTO

Capítulo Primero – La Discordia Divina,

Capítulo II – Los Sinsabores del Alma que Busca,

Capítulo III – Los Sinsabores del Alma que Busca (Continuación),

Capítulo IV – Vendiendo su Alma a Satán,

Capítulo V – Vendiendo su Alma a Satán (Continuación),

Capítulo VI – Las Consecuencias del Pecado y los Caminos de Salvación,


PARSIFAL

Capítulo VII – El Famoso Drama Místico Musical de Wágner,

EL ANILLO DE LOS NIBELUNGOS

Capítulo VIII – Las Doncellas del Rhin,

Capítulo IX – El Anillo de los Dioses,

Capítulo X – Las Valkirias,

Capítulo XI – Siegfried, El Buscador de la Verdad,
Capítulo XII – El Combate de la Verdad y el Error,

Capítulo XIII – El Renacimiento y la Bebida Letal,

Capítulo XIV – El Crepúsculo de los Dioses,

Capítulo XV – El Péndulo de la Alegría y de la Tristeza,

Capítulo XVI – Los Trovadores, Iniciados de la Edad Media,

Capítulo XVII – El Pecado Imperdonable,

Capítulo XVIII – La Vara que Brotó,

LOHENGRIN

Capítulo XIX – El Caballero del Cisne,

LOHENGRIN - EL CABALLERO DEL CISNE

LOHENGRIN

CAPITULO XIX

EL CABALLERO DEL CISNE

Entre las óperas de Wagner no hay quizás ninguna tan universalmente apreciada por
la gran mayoría de Lohengrin. Esto será probablemente así porque a primera vista, muy
sencillo y bello a la vez. La música es de un carácter excepcionalmente exquisito y apela a
todos de un modo las demás obras de Wágner, que estas basadas en mitos como Parsifal, el
Nibelungos, y aun Tannhauser.
Aunque estas ultimas producciones afecten a las escuchan poderosamente que la
escuchen (tanto si se dan cuenta de ello, como sí no), es, sin embargo, un hecho positivo
que no son del gusto de la mayoría, particularmente en América, donde el espíritu de
misticismo no es tan fuerte como en Europa.
Con Lohengrin es distinto. Aquí tenemos un asunto del tiempo de la caballería
andante, y aunque haya algo de belleza mágica en el advenimiento de Lohengrin y del cisne
como respuesta a la oración de Elsa, esto no es más que un hermoso capricho poético sin
ningún otro sentido más profundo. En este mito es revelado uno de los requerimientos
supremos de la Iniciación: Fe.
El que no tenga esta virtud, nunca logrará su propósito, y su posesión anula una
multitud de defectos en otras direcciones.
El desarrollo del asunto es éste: El heredero del ducado de Brabante ha
desaparecido. Es un niño, y hermano de Elsa, la heroína de la obra, quien es acusada en la
primera escena por Ortrud y Telramund, sus enemigos, de haber hecho desaparecer a su
pequeño hermano para poder entrar en posesión del ducado. En consecuencia de esta
acusación, ella ha sido citada ante la corte del rey para defenderse contra sus acusadores,
pero en la primera escena ningún caballero se ha presentado aún para defender su causa y
aniquilar a sus difamadores. Entonces aparece en el río un cisne, sobre el cual está en pie un
caballero que llega basta el sitio donde está la corte. Salta a tierra y se ofrece para defender
a Elsa con la condición de que se case con él. Ella acepta sin vacilar, porque él no es
ninguna persona extraña, pues le ha visto muchas veces en sus sueños y ha empezado a
amarle. En el duelo entre el caballero desconocido y Telramund, éste queda vencido, pero
su vida le es generosamente perdonada por el vencedor, el cual entonces requiere a Elsa
como su prometida. Antes, sin embargo, habla puesto otra condición, la cual consiste en
que ella nunca debe preguntarle quién es ni de dónde ha venido. Como él parece tan bueno
y tan noble, y como ha venido en contestación a su ferviente demanda. Elsa tampoco se
opone a esta condición, y entonces la pareja se retira a la cámara nupcial.
Aunque momentáneamente derrotados, Ortrud y Telramund no cesan de ningún
modo en su conspiración contra Elsa: y su inmediato proyecto consiste en envenenar su
mente contra su noble protector, para que llegue a despedirle con objeto de que este otra
vez a la merced de los dos conspiradores, porque éstos esperan con toda seguridad poder
apoderarse de aquel ducado, del cual Elsa y su hermano son los herederos legales. Con este
fin los dos se presentan a la puerta de Elsa y logran ser escuchados por ella. Declaran que
están profundamente arrepentidos de lo que han hecho; mostrándose muy interesados en el
bienestar de Elsa. Les duele mucho, dicen, que se haya desposado con uno cuyo nombre no
conoce siquiera, con uno que teme tanto que su identidad sea conocida, que hasta la ha
prohibido de preguntarle quién es, so pena de abandonarla.
Debe haber algo en su vida de lo cual él está vergonzoso, arguyen ellos, y que no
puede saberse a la luz del día, puesto que de otro modo, ¿por qué se negaría a informar de
su identidad y antecedentes a quien va a ser la compañera de su vida?.
Por medio de estos argumentos suscitan la duda en el alma de Elsa y después de
haber conversado un rato, ella vuelve hacia Lohengrin, pero cambiada. El nota la diferencia
en ella y la pregunta por la causa. Finalmente, ella confiesa que está dudosa respecto de él y
que la gustaría saber su nombre, De este modo ella quebranta su promesa y Lohengrin la
dice que ahora como quiera que haya expresado una duda respecto de su persona, le es
imposible permanecer más tiempo allí. Ni lágrimas ni protestas pueden cambiar esta
resolución, y por último se van juntos al río donde Lohengrin llama a su fiel cisne y cuando
éste aparece, él revela su identidad diciendo: “Soy Lohengrin, el hijo de Parsifal”. El cisne
que viene entonces sufre una transformación y se revela a todos como el hermano de Elsa,
de la cual se hace protector en lugar de Lohengrin que se marcha.
Como queda dicho, la leyenda de Lohengrin contiene una de las más importantes
lecciones que se deben aprender en el sendero de la iniciación. Nadie llegará jamás a ella
hasta que haya aprendido esta lección. Para poder comprender bien esto, vamos a examinar
primero el símbolo del cisne y ver lo que hay detrás de él, y para qué sirve. Los que han
visto la ópera Parsifal o que hayan leído atentamente la literatura sobre el Grial, saben que
el cisne era el emblema que llevaban todos los Caballeros del Grial.
En la ópera misma de Parsifal se mencionan dos cisnes que preparaban el baño de
curación para el rey enfermo, Amfortas. Parsifal se nos aparece después de matar a uno de
estos cisnes, por lo cual los caballeros del Grial sufren un profundo dolor.
El cisne puede moverse en varios elementos. Puede volar en el aire con gran
velocidad; puede pasearse majestuosamente sobre el agua y por medio de su largo cuello
puede explorar las profundidades e investigar lo que haya en el fondo de un lago no
demasiado profundo. Es por consiguiente, un símbolo muy apropiado del Iniciado, quien,
por el poder desarrollado dentro de sí mismo, es capaz de elevarse a regiones superiores y
moverse en diferentes mundos. Al igual que el cisne vuela por espacio, el que haya
desarrollado los poderes de su cuerpo del alma puede viajar en él por encima de montañas y
lagos. Como el cisne se sumerge debajo de la superficie del agua, así también el Iniciado
puede ir por debajo de la superficie de los abismos en su cuerpo del alma, al cual no pueden
inferirle daño ni el fuego, ni la tierra, ni el aire, ni el agua. En efecto, esta es una de las
primeras cosas que se debe enseñar a los Auxiliares Invisibles: que están inmunes de todo
peligro que podría hacer daño a su cuerpo físico, cuando estén provistos de aquel traje de
bodas áureo del que hemos hablado tanto, y que por lo tanto pueden entrar impunemente en
una casa que esté ardiendo; asistir allí a los que están en peligro, algunas veces de un modo
verdaderamente milagroso; o pueden estar a bordo de un buque que se hunde, inspirando
valor a los que están a punto de hacer frente al gran cambio.
La antigua mitología del Norte nos cuenta que los nobles guerreros de aquellos
tiempos, cuando hablan combatido y habían quedado vencidos o mortalmente heridos,
cantaban un canto al cisne. Pero no debe suponerse, ni por un momento, que era solamente
el combate brutal librado en el campo de batalla con espada y lanza de lo que se quiere
hablar aquí; es más bien el combate interior, la significación oculta, cuando una noble alma
que había librado bien la batalla dé la vida y que por último llegaba a la meta que era
posible alcanzar en aquellos días, cantaba su canto del cisne: esto es, que se presta el
juramento de Iniciación haciéndose capaz de entrar en otras regiones para ayudar allí a los
demás, lo mismo que en este mundo físico la había hecho hasta entonces, pues siempre ha
sido el sagrado deber de un noble caballero el ayudar y socorrer a los débiles y a los
cargados de pesares.
Elsa es hija de un rey, pertenece, pues, a la más noble estirpe. Nadie que no sea
“bien nacido”, puede pretender ser servido por un caballero como Lohengrin; esto no
quiere decir, que en la humanidad haya superiores o inferiores, pues lo que aparece así es
debido solamente a nuestro grado de evolución. Cuando un alma ha estado mucho tiempo
en el escenario de la vida y ha pasado por la escuela de muchas existencias, entonces,
gradualmente, adquiere aquella nobleza que es el resultado de haber aprendido las lecciones
y obrado según las líneas de conducta trazadas por los maestros de la escuela, nuestros
Hermanos Mayores, que ahora están enseñándonos las lecciones de la vida. La nobleza
ganada por el afán de ejercer misericordia hacia nuestros hermanos menos adelantados, es
la llave para obtener su favor y por esta razón, cuando Elsa estuvo en un serio apuro, un
alma noble es enviada para guiarla.
En el libro de la Revelación, leemos algo sobre las nupcias místicas de la Novia y
del Cordero. Estas nupcias existen en la experiencia de cada alma humana y siempre bajo
circunstancias similares. Uno de los primeros requisitos es que el alma debe haber sido
abandonada por todo el mundo: tiene que estar completamente sola, sin ningún amigo en el
mundo. Cuando este punto ha sido alcanzado; cuando el alma no ve ayuda en ningún ser de
la tierra; cuando con todo su corazón se vuelve hacia el cielo pidiendo la liberación,
entonces viene el libertador y también el ofrecimiento del matrimonio. En otras palabras, el
verdadero instructor siempre se presenta como contestación a las serias súplicas del
aspirante, pero no hasta que éste haya dejado al mundo y que el mundo le haya
abandonado. El ofrece entonces encargarse de la persona que está buscando ansiosamente
el ser guiado y, desde aquel momento, conquista la mentira con la espada de la verdad; pero
después de haber dado esta prueba, requiere entonces una fe inquebrantable y absoluta.
“Recuérdese esto” — debe imprimir en su mente y esculpirlo con letras de fuego en su
propio ser, que, habiendo venido en Contestación a la súplica (lo que no significa solamente
meras palabras sino toda una vida de aspiración), ha dado la prueba indubitable del poder y
de la habilidad que el instructor tiene para enseñar, guiar y ayudar y entonces se hace
necesario, indispensable, que de allí en adelante debe tenerse absoluta fe en él, porque de
otro modo le seria imposible trabajar con el aspirante.
Esta es la gran lección enseñada por Lohengrin y es de una importancia suprema,
porque hay muchos miles y miles de personas que andan por las calles de nuestras ciudades
de un lado para otro, buscando a un instructor. Algunos pretenden haberle encontrado, o se
engañan creyéndolo: pero el requerimiento enunciado en Lohengrin es un requerimiento
real. El instructor debe, puede y hace probar su aptitud. Se le conoce por sus frutos;
entonces él en cambio pide lealtad y si esta fe, esta lealtad, esta prontitud para servir, esta
voluntariosa disposición para hacer todo lo que se le pide no se manifiesta libremente en el
aspirante, la relación se terminará. No importa cuán amarga sean las lágrimas del
arrepentimiento por parte del aspirante que hubiese faltado en su lealtad al instructor, ni
tampoco cuán sincera sea su contrición, la próxima oportunidad no se presentará ya en la
vida presente.
Es por consiguiente de la mayor importancia que aquellos que buscan la iniciación
se compenetren de que algo les es debido por parte del instructor, antes de que le acepten.
El tiene que enseñar los frutos de su obra, porque Cristo dijo: “Por sus frutos les
conoceréis”. El instructor auténtico siempre lo hace sin ser solicitado para ello, y sin que
parezca que lo hace o sin querer dar la más mínima señal. El siempre facilita alguna
evidencia a la cual la mente del aspirante se puede acoger, como prueba indudable de su
saber y poder superior o habilidad. Cuando esto quede demostrado, es absolutamente
esencial que se establezca en seguida la lealtad hacia el instructor. Desde entonces no
importa quien diga esto, aquello o lo de más allá, el aspirante no debe conmoverse, sino
atenerse firmemente al hecho probado, aferrarse ciegamente a lo que él cree ser verdad y
fiel, sosteniendo a aquel a quien se ha entregado para ser instruido, porque sí no existe esta
fe entre los dos es inútil continuar las relaciones.
Es, sin embargo, muy significativo que el hermano de Elsa fuera, como se indica en
la última escena, el cisne que había traído a Lohengrin a su hermana y que fue transmutado
otra vez a su figura natural cuando Lohengrin partió. El había pasado por la Iniciación.
Debía, sin duda, saber la situación apurada de su hermana, como un alma adelantada
conoce las luchas de otra alma, pero aunque él viese la condición de tan noble aspirante, o
alma hermana, no temía nada; puesto que, ¿no era él quien debía llevarla el socorro que
hubiera podido tener permanentemente a su lado si Elsa hubiese sido tan fiel como él?.

del libro "El Misterio de las Grandes Óperas", de Max Heindel

LA VARA QUE BROTÓ

CAPITULO XVIII




LA VARA QUE BROTÓ

En el prólogo del “Fausto” se ponen en boca de Dios, respecto al héroe del drama,
éstas palabras:

“Ahora él me sirve con una visión imperfecta. Pero pronto yo le conduciré hacia
donde aparece más luz. Cuando el árbol pequeño empieza a brotar, el jardinero sabe que en
años venideros llevará flores y frutos.”

Este es el hecho actual de toda la humanidad. En los tiempos presentes nosotros
todos servimos a Dios de un modo imperfecto, a causa de nuestra visión limitada. No
tenemos el conocimiento real y verdadero de lo que se necesita, ni de cómo deberíamos
emplear la inteligencia de que estamos ahora dotados. Sin embargo, por medio del proceso
de la evolución. Dios nos conduce constantemente hacia la luz, y gradualmente cesaremos
de ser estériles espiritualmente: floreceremos y daremos fruto. Entonces estaremos en
situación de servir a Dios como quisiéramos y no como lo estamos haciendo ahora.
Mientras que lo que procede es aplicable a todos en general, se debe aplicar
particularmente a los que están a la vista pública en concepto de instructores: porque,
naturalmente, donde más fuerte sea la luz, allí las sombras son también más pronunciadas y
las imperfecciones de aquellos que tienen que llevar sobre sí el peso de la instrucción, están
forzosamente más señaladas por tal razón.
En la historia de Tannhauser, el Papa cierra ‘la puerta de la esperanza a la cara del
penitente porque la letra de la ley lo requiere así; pero la misericordia de Dios no queda
frustrada por eso. El báculo del Papa florece para probar que se ha perdonado al penitente,
por la sincera penitencia gracias a la cual el mal ha quedado borrado del recuerdo impreso
en el átomo-simiente. Así resulta que la ley inferior ha sido invalidada por una ley superior.
En esta leyenda del báculo del Papa hay una semejanza con el cuento del Santo
Grial y la lanza con la historia de la vara del Aarón que también floreció, y con el báculo de
Moisés que hizo salir el agua de vida de la roca. Todos estos cuentos tienen una importante
conexión con el problema de la vida espiritual del discípulo que quiere seguir el sendero de
la vida superior y busca, igual que Kundry, el modo de deshacer los hechos malos de vidas
anteriores por medio de una vida actual de servicio al yo superior. La leyenda del Grial
distingue entre el cáliz en sí y la Sangre Purificadora que contuvo.
Se cuenta la historia de cómo Lucifer, cuando luchó con el Arcángel Miguel, por la
posesión del cuerpo de Moisés, perdió la joya más preciada de su corona, que fue
desprendida en la lucha. Esta hermosa joya, a ninguna otra comparable, era una esmeralda
llamada “Exilir”, y fue lanzada al abismo, pero luego recuperada por los ángeles, y con ella
se formó aquel cáliz o Santo Grial que después fue usado para contener la Sangre
Purificadora que fluyó del costado del Salvador cuando éste fue perforado por la lanza del
centurión.
Notemos primeramente el que esta joya era una esmeralda: era verde, y verde es una
combinación de azul y amarillo y es por consiguiente el color complementario del tercer
color primario: el rojo.
En el mundo físico, el rojo tiene la tendencia de excitar y dar energía, mientras que
el verde tiene un efecto refrescante y calmante, pero lo contrario ocurre cuando
consideramos este asunto desde el punto de vista del Mundo del Deseo. Allí el color
complementario es activo y tiene el efecto sobre nuestros deseos y emociones que nosotros
atribuimos al color físico. Así el color verde de la joya perdida por Lucifer, demuestra
aquella naturaleza y el efecto consiguiente. Esta piedra es la antítesis de la Piedra Filosofal.
Tiene el poder de atraer la pasión y de engendrar amor del sexo por el sexo; lo que es el
vicio opuesto al amor casto y puro, simbolizado por la piedra blanca apocalíptica, siendo
este último el amor del alma por el alma. Como este efecto de los colores complementarios
es muy conocido, aunque no conscientemente comprendido, hablamos también de los celos,
engendrados por el amor impuro, como del “monstruo de los ojos verdes”.
El Santo Grial encuentra su réplica en el cáliz o cápsula de semillas de la planta, que
también es verde. El fuego creador dormita dentro de la cápsula de semillas. El mismo
fenómeno tiene que manifestarse de igual modo dentro de cada uno que emprende la busca
del Santo Grial. La voluntad es la cualidad masculina del alma; la imaginación es la
femenina. Cuando la voluntad es el atributo más fuerte, el alma lleva atavió masculino en
una vida determinada, y en otra vida, en la que la cualidad de imaginación es mayor, se
adopta la vestimenta femenina. De este modo bajo la ley de alternación que prevalece
durante la presente edad del arco iris, el alma lleva un traje distinto en vidas alternas, pero,
aunque el género sea femenino o masculino, el órgano del sexo opuesto está presente en un
estado latente. De este modo el hombre es ahora masculino y femenino a la vez y lo será así
mientras perdure este cuerpo físico.
En el remoto pasado, cuando su estado de consciencia estaba enfocado en el mundo
espiritual, el hombre era una perfecta unidad creadora, con los dos órganos sexuales
igualmente desarrollados, como lo tienen hoy en día por ejemplo muchas flores. Entonces
era capaz de engendrar un cuerpo nuevo cada vez que el viejo estaba desgastado, pero en
aquel entonces el hombre no estaba consciente del mismo modo que lo está hoy, de que
tenía un cuerpo. Entonces los que estaban más avanzados, los precursores — algunos que
veían más claro que los otros — contaron a sus compañeros el relato fantástico de que el
hombre tenía un cuerpo. Muy a menudo encontraron el mismo escepticismo por sus teorías,
que hoy se demuestra a los que afirman que tenemos un alma.
Así la historia simbólica de Lucifer perdiendo la joya verde es la demostración de
cómo el hombre cesó de conocerse a sí mismo y conoció a su mujer; de cómo el Grial fue
perdido, y solamente puede volver a ser encontrado por la depuración de la sangre física
llena de pasión, la cual estaba en los orígenes contenida en aquel vaso verde.
En un momento propicio del año, pero ni antes ni después, los rayos emanantes de
los globos celestes penetran en la semilla sembrada y despiertan su latente fuerza
generadora a la actividad. Entonces una nueva planta sale de la tierra con toda su
hermosura. Así el acto de la generación es cumplido en perfecta armonía con la ley de la
naturaleza y una cosa hermosa es engendrada con el fin de adornar la tierra. El resultado es
distinto en el género humano desde el momento en que la cualidad femenina de la
imaginación fue despertada por Lucifer.
Ahora el acto generador es ejecutado sin tener en cuenta los rayos solares propicios
y en su consecuencia, el pecado y la muerte han aparecido en el mundo. Desde aquel
momento la luz espiritual se apagó; y ahora estamos ciegos para la gloria del Cielo.
En manos de los guías divinos de la humanidad, uno de los cuales simboliza a
Aarón, la vara viva era un vehículo de poder. Más tarde la vara florecida se secó y fue
depositada en el Arca, pero no debemos, deducir por esta razón de que ya no haya
redención posible, porque, lo mismo que el hombre fue expulsado del estado celeste cuando
la verde joya de la pasión y del deseo cayó de la corona de Lucifer, el que entonces guiaba
a la humanidad por medio de la “generación” a la “degeneración”, de igual modo existe la
piedra blanca, la Piedra Filosofal, el símbolo de la “emancipación”, y si usamos el poder
de la generación para la “regeneración”, iremos venciendo la muerte y el pecado. Entonces
esto nos investirá de inmortalidad y nos conducirá hacia Cristo.
Este es el mensaje de la historia de Tannhauser. La pasión es veneno. El abuso de la
generación bajo el mando de Lucifer ha sido el medio para conducirnos hacia abajo en la
noche de la degeneración; pero el mismo poder dirigido en la dirección opuesta y empleado
para fines de regeneración es capaz de levantarnos de las sombras, y de elevarnos a un
estado celeste, cuando hayamos ganado así la batalla.
Por la pasión el espíritu ha sido cristalizado en un cuerpo y sólo por la castidad es
posible desencadenarlo, porque el cielo es la patria de la virginidad y únicamente elevando
el amor desde su nivel puramente sexual al superior del amor del alma, podremos
libertarnos de las ligaduras que nos sujetan. Entonces, cuando sepamos efectuar la
concepción inmaculada, nacerán salvadores que nos quitarán los grillos del pecado y de los
pesares que actualmente nos atan.
Al llevar adelante este ideal debemos recordar que la supresión del deseo sexual no
significa ser soltero, o bien el celibato. La mente tiene que cooperar y debemos
voluntariamente abstenemos de la impureza. Esto se puede hacer solamente por medio de lo
que el místico llama “encontrar a la mujer dentro de sí mismo” (naturalmente para las
mujeres será cuestión de encontrar al hombre dentro de ellas mismas). Cuando hayamos
hallado esto, llegaremos al punto donde podremos vivir la misma vida pura como la flor.
En esta relación de ideas puede también ser muy provechoso recordar que el
“Guardián del Umbral”, al cual tenemos que mirar de frente antes de poder entrar en los
mundos suprafísicos, tiene la apariencia de una criatura del sexo opuesto, y sin embargo,
parece ser nosotros mismos. También es cierto que, cuanto más licenciosos o viciosos
hayamos sido, tanto peor será la apariencia de esté monstruo, y Parsifal estando delante de
Kundry, cuando su negativa de complacerla la ha transformado en una furia, está de hecho
en el mismo punto donde el candidato se halla frente por frente con el Guardián antes de
que la lanza sagrada le sea entregada.




del libro "El Misterio de las Grandes Óperas", de Max Heindel

EL PECADO IMPERDONABLE

CAPITULO XVII

EL PECADO IMPERDONABLE

Durante el certamen, los sublimes y celestiales ideales de la buena camaradería de
alma con alma, son celebrados por la mayoría de los trovadores, y después de cada canción,
sale Tannhauser con una réplica aguda y apasionada defendiendo la fase sensual del amor.
Finalmente, rabioso, a causa de la aparente insipidez de los demás, que él considera como
una necedad sentimental, grita furioso: “Id a ver a Venus, ella os enseñará el amor”.
Con este desahogo ha revelado su secreto culpable. Todos interpretan su declaración
en el sentido de que él ha cometido el pecado imperdonable en su peor aspecto, es decir, en
el comercio con una entidad etérea, y convencidos de que se ha depravado sin redención
posible, se le echan encima con sus espadas desenvainadas, y seguramente le hubiesen
matado sin la intervención de Elisabeth que les pidió perdonaran la vida al pecador, para
darle una posibilidad de arrepentimiento. En este momento se oye un coro de peregrinos a
lo lejos y los trovadores acuerdan que si Tannhauser conviene en ir a Roma para implorar el
perdón de la Santa Sede, ellos le respetarán la vida.
Cuando Elisabeth revela el dolor de su corazón por su demanda a favor de
Tannhauser, éste comprende por fin lo enorme de su pecado y se siente dominado por una
sensación aplastante de su depravación. Por este motivo se acoge ansiosamente a la
solución que se le da, y se Une al grupo de peregrinos que van a Roma. Siendo como es un
alma fuerte, no hace nada a medias. Su contrición es tan sincera, como su pecado era
agudo. Todo su ser está anhelando limpiarse de sus impurezas para poder aspirar al amor
más elevado y noble despertado en su pecho por Elisabeth.
Los otros peregrinos van cantando salmos de alabanzas, pero él apenas se atrevía a
mirar hacia Roma en la distancia, diciendo solamente:“Sed misericordioso, Dios mío,
conmigo, pobre pecador”. Mientras ellos se refrescaban y dormían en hospicios a lo largo
del camino, él dormía en la nieve. Cuando ellos caminaban por las rutas llanas, él marchaba
por las espinas y cuando llegó a Italia, para que ni siquiera las bellezas naturales del país le
procurasen placer vendó sus ojos, y así caminó hacia la Ciudad Eterna.
Por fin llegó la mañana en la que debía ver Padre Santo y la esperanza nació en su
corazón. Durante todo el día estuvo allí de pie, esperando pacientemente que pasasen otros
mil, que con el éxtasis celeste en sus semblantes, recibían el perdón anhelado marchando
contentos y alegres, y dispuestos a comenzar de nuevo su lucha por la vida.
Por fin le llegó su turno. El estuvo en aquella augusta presencia y aguardó
tranquilamente la bendición del Santo Padre, esperando oír de sus labios una bondadosa
palabra para volverse regocijado. Pero en lugar de esto tuvo que escuchar estas palabras
fulminantes como un trueno: “Sí tú te has asociado con demonios, no hay perdón para ti, ni
en los cielos ni en la tierra. Más fácil sería que floreciese este palo seco que tengo en la
mano, que a ti se te perdonasen tus pecados.”
Al oír esta funesta noticia se apagó la última chispa de esperanza en el corazón de
Tannhauser y la lujuria, una cosa sangrienta, le hace levantar la cabeza. Su amor se
convirtió en odio y temblando de rabia maldijo todo lo del cielo y de la tierra, jurando que
si no podía gozar del verdadero amor, volvería otra vez a la cueva en busca de Venus y
diciendo a los otros peregrinos que no le siguieran se separó de ellos y volvió a su país
completamente solo.
Entre tanto, Elisabeth, la virgen pura y casta, para quien el amor de Tannhauser
había huido, estaba incesantemente orando e implorando perdón para el pecador. Llena de
esperanza aguarda la vuelta de los peregrinos, pero cuando finalmente éstos llegaron y
Tannhauser no estaba entre ellos, Elisabetlh, fue víctima de la desesperación y creyendo
que no había otro medio, abandonó esta fase de la vida para presentar su demanda
personalmente ante el Trono de Gracias de nuestro Padre en el Cielo. La procesión funeral
sale al paso de Tannhauser cuando vuelve por fin y éste siente una pesadumbre
indescriptible a su vista.
Entonces llega otro grupo de peregrinos que cuentan que en Roma ha sucedido un
gran milagro: el báculo del Papa había florecido, lo que significaba que un pecador a quien
se había negado el perdón en la tierra, lo había obtenido en el cielo.
Aunque la leyenda esté envuelta en la fraseologia medieval y católica y aunque
podamos descontar la idea de que cualquier persona tenga poder de perdonar pecados o de
negar la absolución, ella contiene verdades espirituales que se hacen cada año que pasa más
evidentes. Trata del pecado imperdonable: el único pecado que no puede ser remitido sino
que tiene que ser expiado. Como ya sabemos, Jehová es el más alto Iniciado del Período de
la Luna, el gobernador dé los ángeles, quien durante el presente día de manifestación,
trabaja con nuestra humanidad a través de la Luna. El es el autor de la generación y el
factor principal en la gestación; el que da la prole al hombre y a los animales, usando el
rayo de la Luna como vehículo de trabajo en los momentos que son propicios para la
generación. Jehová es un dios celoso de su prerrogativa y por esta razón, cuando el hombre
comió del árbol del conocimiento y tomó el asunto de la generación en sus propias manos,
él le expulsó del paraíso para que anduviese errante a través del desierto de este mundo. No
había perdón. El hombre debía expiar su falta con trabajos y penas, cosechando el fruto de
su transgresión.
Antes de la Caída, la humanidad no había conocido ni el bien ni el mal. Ellos hacían
lo que se les mandaba y nada más. Pero al tomar las cosas en sus propias manos y por
medio de las penas y pesares que siguieron a su transgresión, aprendieron poco a poco la
diferencia entre el bien y el mal, capacitándose para saber escoger. Adquirieron
prerrogativas. Este es el gran privilegio que hace más que compensar del sufrimiento y los
pesares que el hombre ha soportado como expiación de aquella ofensa contra la ley de la
vida, que consiste en el hecho de acometer el acto creador cuando los rayos de los astros no
son propicios, causando así un parto doloroso y multitud de sufrimientos a los cuales la
humanidad está actualmente sometida.
Conviene recordar en relación con esto, que la Luna gobierna al signo del Cáncer, y
que la enfermedad del cáncer, en su forma maligna, no admite cura, no importa cuantos
remedios la ciencia pueda presentar según pasan los años. Una investigación de las vidas de
personas que sufren de esta enfermedad, ha probado en todos los casos examinados que
estas personas habían sido extremadamente sensuales en vidas anteriores, aunque yo no
pueda asegurar que esto sea una ley, puesto que no se han hecho investigaciones bastante
numerosas para poder establecer este principio. Sin embargo, resulta significativo el que
Jehová, el Espíritu Santo, gobierne las funciones generativas por medio de la Luna, que la
Luna a su vez gobierna a Cáncer, y que aquellos que abusan de la función sexual de un
modo marcadamente bestial, estén más tarde afligidos de la enfermedad llamada cáncer:
que ésta sea incurable y pruebe así lo dicho en la Biblia de que todas las cosas pueden
perdonarse menos el pecado contra el Espíritu Santo.
Hay una relación mística entre el Ángel de la espada flamígera a la entrada del
Jardín del Edén y el Ángel con la flor, abierta en la puerta del Templo de Salomón; entre la
lanza y el cáliz del Grial; entre la vara de Aarón que brotó y el báculo del Papa que
floreció; así como en la muerte de la casta y pura Elisabeth, por cuya intercesión la mancha
quedó borrada del alma del vagabundo Tannhauser.
Nadie, que no haya conocido alguna vez el terrible tormento de la tentación, puede
darse cuenta de la situación de uno que ha caído. Cristo mismo, sintió en el cuerpo de Jesús
toda la pasión y todas las tentaciones a las cuales estamos todos sujetos: afirmándose que
fue así para que El pudiera ser misericordioso con nosotros en su calidad de Gran
Sacerdote. El hecho de que El fue tentado prueba el que la tentación de por sí no es pecado.
El ceder a ellas es lo que constituye pecado; por esta razón, El estaba libre de pecado.
Cualquiera que sea tentado y resista a la tentación, está naturalmente en un grado muy alto
de evolución; pero debemos recordar que de la presente humanidad nadie todavía ha
llegado a tal grado de perfección y además el que somos hombres y mujeres por haber
pecado y sufrido en consecuencia hasta que hayamos despenado al conocimiento del hecho
importante de que el camino del transgresor es doloroso, y de que hayamos llegado al
sendero de la virtud, en el cual sólo se encuentra la paz interna. Semejantes hombres y
mujeres están en un nivel de desarrollo espiritual mucho más alto que aquellos que han
vivido vidas de pureza, porque se hallaban en situaciones privilegiadas. Esto lo subrayó
Cristo cuando dijo que habrá más alegría por un pecador que se arrepienta que por noventa
y nueve que no necesitan arrepentimiento.
Hay una distinción muy importante que hacer entre inocencia y virtud y lo que es
más importante aún, es que deberíamos damos cuenta de la falacia de la doble norma de
conducta que concede libertades o, mejor dicho, las condena al hombre mientras que por
otro lado insiste en que un solo paso en falso arruine a una mujer para toda la vida. Si yo
tuviera que escoger esposa actualmente, y supiese luego que su vida estuvo nublada por una
falta la cual la había hecho sufrir, yo sabría que tal mujer había aprendido a conocer los
pesares, los cuales engendran compasión e indulgencia, adquiriendo de este modo
cualidades que harán de ella una compañera mejor y más simpática que otra que pudo ser
“inocente” en el umbral de la vida, pero que estaría de este modo expuesta a caer en la
primera tentación que se la presentase.

del libro "El Misterio de las Grandes Óperas", de Max Heindel